05/15/17
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Parteras, las “hadas madrinas” de la salud materna en Guatemala

Con capacitaciones, tratan de luchar contra las complicaciones del embarazo en las zonas más remotas del país.
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CRÉDITOS DE LA IMAGEN: samantha fiel helfman/banco mundial

Digamos que luego del obstetra, la partera cumple uno de los roles más importantes durante el embarazo y la concepción. Es una suerte de madre, hermana o amiga, pero con inmensos conocimientos y sabiduría sobre el desarrollo del bebé en la panza, además de un apoyo emocional fuerte durante el parto y el puerperio.

En las zonas más remotas de Guatemala, a estas parteras también se les llama comadronas, y su vestimenta tradicional nos hace pensar que son más bien “hadas madrinas”. Ellas son actrices esenciales para la buena salud materna y prenatal, especialmente allí donde los centros de salud escasean y los médicos no abundan.

Ellas intentan tapar los agujeros de una realidad alarmante. El país tiene la mayor tasa de mortalidad materna de Latinoamérica, 115 fallecimientos por cada 100.000 nacimientos, mientras que el promedio regional es de 87. Esto se debe a niveles extremadamente bajos de atención prenatal y altas tasas de partos informales, en especial en las áreas rurales.

Pero no solo es una cuestión de distancia.

Alrededor de tres cuartas partes de la mortalidad materna se da entre mujeres jóvenes de ascendencia indígena. De acuerdo al Banco Mundial, esto ocurre principalmente porque muchas familias indígenas carecen de recursos para costearse la atención en el sector formal de la salud – el estudio Latinoamérica Indígena en el Siglo XXI señala que un indígena en el país gana alrededor de 6% menos que los no indígenas- y porque debido a la discriminación, a las barreras idiomáticas y al aislamiento geográfico, tienden a preferir servicios de salud reconocidos por las futuras mamás como tradicionales, y tal es el caso de las comadronas.

Apenas uno de cada cuatro nacimientos rurales tiene lugar en un hospital o clínica, comparado con más de dos tercios en áreas urbanas.

Para darnos una idea, en los últimos años, en el departamento de Sololá, que alberga el turístico Lago Atitlán, las comadronas certificadas atendieron el 63% de los partos, usualmente lejos de un ambiente hospitalario formal. A pesar de sus conocimientos ancestrales, muchas de ellas carecían de la capacitación y conocimientos esenciales para reconocer o asistir apropiadamente a los embarazos de riesgo.

Es por esta razón que una donación del Fondo para la Innovación Juvenil (FIJ) del Banco Mundial con apoyo de la ONG local Panajachel, y el Hospital Nacional del Departamento de Sololá, una entidad pública administrada por el Ministerio de Salud nacional, se propusieron capacitar a las comadronas indígenas en los pueblos de San Pedro, San Marcos, San Pablo, Santiago, Tzununa, Jabalito y Santa Cruz del departamento de Sololá, con la idea de que puedan identificar a mujeres con embarazos de alto riesgo y derivarlas a hospitales en caso de que fuera necesario.

Siendo Guatemala un país que, además del español, reconoce 23 lenguas mayas, un idioma garífuna y el xinca; la clave fue entonces hacer la capacitación en el idioma materno de las mujeres, el zutujil o tzutujil.

Además de realizar talleres de capacitación, se desarrolló una guía curricular visual para abordar las áreas de interés identificadas junto a las comadronas. Estas áreas incluyeron: la incapacidad generalizada de reconocer señales de peligro durante el proceso de parto y la renuencia a derivar pacientes al Hospital Nacional al enfrentarse a un embarazo de riesgo.

Por otra parte, se gestionó la prestación de un equipo de parto seguro para cada comadrona, con artículos como guantes de látex, gasas, toallas sanitarias y demás herramientas necesarias para un proceso de parto higiénico.

Con mucha tranquilidad, Rosa, una de las comadronas del pueblo de Santiago que participó del programa cuenta que “esta es la primera vez que vengo a una capacitación del Ministerio de Salud realizada en nuestra propia lengua. Normalmente solo se brindan en español, y muchas de las mujeres no entienden. Nos sentimos más respetadas, y nos estimula a participar”.

“Me voy sabiendo que ahora puedo salvar más vidas en mi comunidad", asegura. MARÍA VICTORIA OJEA/elpais.com

Publicado por: Staff Noticias Nebraska
(cristina@noticiasnebraska.com)

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