06/08/17
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La difícil integración de Centroamérica: un salami a rodajas

Escaso celo de tres de los seis países constitutivos: Panamá va por libre, Costa Rica es reticente, Nicaragua está en otra cosa (y Belice no cuenta).
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Una mayor integración regional es la gran asignatura pendiente de los países latinoamericanos, y todo indica que de momento lo seguirá siendo. Un caso emblemático es el de Centroamérica, que a pesar de constituir una clara entidad geográfica, tener una historia de unidad política y contar con un volumen de población manejable (46 millones de habitantes) sigue sin avanzar de modo sustancial en lo previsto por el Sistema de Integración Centroamericana (SICA).

En realidad, cuando se mira de cerca Centroamérica, es la división lo que llama la atención. La región es como un salami –la forma invita a la imagen– del que se van cortando rodajas, comenzando por un extremo:

—Panamá es el primero que se descuelga en muchos aspectos: no forma parte, por ejemplo, del acuerdo de libre comercio regional con Estados Unidos o CAFTA, y tiene un economía claramente distinta, por virtud del canal. De hecho, Panamá no perteneció a la federación nacida con la independencia de España –primero como Provincias Unidas del Centro de América y luego República Federal de Centro América (1823-1839)–, y fue parte de Colombia hasta 1903.

—Costa Rica es el siguiente país que marca distancias. La mayor sensibilidad institucional costarricense ha hecho a este país reticente a una progresiva disolución en entes supranacionales con sus vecinos. Así, no forma parte del Parlamento Centroamericano o PARLACEN.

—Nicaragua, sin participar apenas de la cultura mesoamericana precolombina, también ha actuado generalmente por libre, con ciclos políticos algo cambiados respecto a los demás y con una economía poco relacionada comercialmente con el resto de Centroamérica.

—Cortando el salami nos hemos quedado con Guatemala, El Salvador y Honduras, los tres países que constituyen el núcleo de la aspiración integradora centroamericana. Se los conoce como Triángulo Norte y ciertamente presentan diversos problemas compartidos, como la inseguridad pública y el flujo emigratorio hacia Estados Unidos.

—Aunque en 2000 Belice se incorporó al SICA, sistema constituido en 1991 a partir de una organización precedente, ese país anglófono en realidad ha tenido siempre una mayor orientación caribeña, como ha sido el caso de República Dominicana, que ni siquiera forma parte de trecho continental centroamericano y que ingresó en el SICA en 2013. Más relación con el núcleo centroamericano tiene Chiapas (fue parte de la Audiencia de Guatemala durante el Imperio Español), pero al ser parte de México queda fuera de la comunidad regional.

Falta de sintonía

«Tenemos una historia común, pero no ha existido unidad política», constata el historiador José Cal, de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC). La región «ha tenido dos cabezas: una es Guatemala, que es el país con mayor peso económico y demográfico, y otra es Costa Rica, que ha contado con mayor desarrollo institucional». Luego ha habido también cabezas de puente para los intereses de Estados Unidos: «evidentemente lo ha sido Panamá, por el canal, pero también lo fue Honduras, donde se desarrolló el modelo concesionario de las compañías bananeras». Por su parte, «Nicaragua ha sido siempre una excepción políticamente hablando» (la singularidad del régimen somocista, luego el sandinista y ahora el impuesto por Daniel Ortega).

Se trata de un cierto desbarajuste, en el que «no hay una sincronía de objetivos pensados regionalmente», de acuerdo con el economista Carlos González, consultor de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales (ASIES) de Guatemala. Según destaca, «falta coordinación: Costa Rica tiene una diversificación de exportación pensada solo en intereses propios; Panamá también va a lo suyo, con un canal a su servicio; Nicaragua ha echado mano de las ayudas de Venezuela».

Carlos González añade que, no obstante, se producen algunos avances. En sus compromisos con la Unión Europea los países centroamericanos acordaron la integración de las aduanas, algo que Guatemala tiene más adelantado con Honduras, mientras que con El Salvador de momento solo hay un entendimiento inicial. Otro punto en el que se está trabajando es la ley de la competencia: el propósito es crear un ente con actuación en todos los países, aunque existe el riesgo, como precisa el economista de ASIES, de que se trate de una «ley sin dientes» (sin un claro régimen sancionador).

Guatemala

Con sus 16 millones de habitantes, Guatemala es el país más poblado de Centroamérica. Su capital es también la mayor urbe de la región. Se trata, además, del país con la mayor economía (aunque Panamá y Costa Rica le ganan en PIB per cápita). Guatemala goza de una gran estabilidad macroeconómica, que le ha permitido continuados crecimientos anuales del PIB por encima del 3%.

Sin embargo, elevados niveles de pobreza y analfabetismo y deficientes servicios públicos (el hecho de que la mitad de la población sea indígena y mucha viva en zonas rurales dificulta la atención del Estado) lastran la capacidad de liderazgo que Guatemala podría tener en el istmo americano. Los crecientes problemas de narcotráfico e inseguridad complican también esa posición.

Para Hans Quevedo, profesor de Relaciones Internacionales y asesor de la Secretaría de Planificación del Gobierno guatemalteco, «Guatemala no ha logrado liderar la región porque no es un ejemplo de riqueza. Los demás países se preguntan: ¿por qué ese país y no nosotros? Ciertamente que aquí hay más transacciones económicas, pero eso no da lugar a un liderazgo político».

Quevedo lamenta el escaso progreso en la integración regional. «Los presidentes se reúnen, pero no avanzan una agenda de integración. En cuanto al comercio, la cuestión es que qué va a darle un país a otro si en el fondo todos producimos los mismos productos. Cada cual se dice: yo exporto a Estados Unidos y que los demás me dejen tranquilo mi mercado interno».

«Lo más que se ha conseguido», apunta el profesor Quevedo en relación a asuntos de mayor simbolismo, «es una licencia de conducir centroamericana, pero no se ha impulsado un pasaporte único. Para viajar entre Guatemala y El Salvador basta la célula de identificación nacional, pero con Honduras sigue haciendo falta el pasaporte. En cualquier caso, esos contactos no han traído más comercio o turismo, sino violencia». EMILI J. BLASCO/ab.es

Publicado por: Staff Noticias Nebraska
(cristina@noticiasnebraska.com)

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